De la Danza al Movimiento*

Actualizado: jul 3

* Fragmento.


Durante el tiempo en el que he habitado el universo de la danza, he vivido un proceso en el que he dejado de comprenderla solo como “danza” y mi atención se ha dirigido hacia el suceso del movimiento en un sentido más amplio. Me refiero al movimiento que se genera no solo en el acto de bailar, sino también en la vida y en la naturaleza. Tomar mayor consciencia del movimiento y transformación constante de la vida y la naturaleza, me ha dado claridad sobre lo que sucede conmigo y con mi cuerpo al pasar los años y eso me ha llevado a enfocar mis prácticas de manera distinta.


Anteriormente entendía -erróneamente- que el equilibrio era un lugar estático y que al querer controlar excesivamente todo acontecimiento y lo que mi cuerpo ejecutaba, estaba limitando la expansión de mis posibilidades expresivas y las de mi danza, el disfrute, la sorpresa.... Posteriormente entendí que ser fuerte, se trataba de ser flexible a la vez, siendo esto esencial para adaptarme a diferentes circunstancias dentro y fuera de la danza. El “error” se transformó en posibilidad para cambiar, aprender y reflexionar. Anteriormente no era bienvenido en mis prácticas y cuando aparecía causaba frustraciones, cuando en realidad no estaba contemplando que podría ser una oportunidad para enriquecer mis experiencias y transformar mi camino o decisiones. Me tomó mucho tiempo “bienvenir el error” y siento que aún no lo he logrado del todo.


Comencé a ver mi cuerpo como una pista, una evidencia de mi manera de percibir y comprender mi entorno y a mí misma; como un registro de mi paso por el tiempo-espacio habitado. La danza y su práctica, se volvió un espacio no solo para mover mi cuerpo, sino la posibilidad de transformar estructuras de pensamiento. Un espacio para cuestionar mi forma de percibir y percibirme en el mundo, para sentirme y ser sentida por otros. Un espacio sensible.


Los espacios que fomentan lo sensible son urgentes, pues pareciera que vamos dejando de ser seres sensibles sin darnos cuenta. ¿Pero cómo lograr esto? ¿Qué nos permite ser sensibles a los otros y a lo otro, a nosotros mismos? Pareciera que uno de los factores determinantes es ser aún más conscientes de las experiencias que vivimos, sus detalles, lo que nos agrada o desagrada, lo que nos hace sentir bien o mal, lo que nos duele, lo que nos enoja, excita, provoca, apasiona, lo que l